El viejo nuevo cine adolescente

El viejo nuevo cine adolescente

Chistes de porrazos, incomodidades, abusos, engaños, burlas, caídas, incoherencias, descubrimiento sexual, incomunicación, rituales de paso, acné, amistades traicionadas, pérdida de la inocencia, reencuentros, perdón, autoaceptación, comadreos y malcriadeces. Ese sigue siendo el viejo rosario del “nuevo viejo cine adolescente”. Nada diferente bajo el sol, pero sí totalmente desconocido, para las retinas de los presentes, con menos de 18 años, sentados en las butacas de cualquier sala IMAX alrededor del mundo. Ver en una película retratada una parte de los problemas, que una comunidad en crecimiento comparte, es un acto que requiere de un valor más allá de lo normal. Pillar personajes que cometen las mismas torpezas… o se enfrentan a los mismos miedos que nosotros -a cierta edad- es un ejercicio de crecimiento emocional, que pocos adultos se han detenido a reflexionar. Sí para alguien grandecito resulta forzado, agréguele a esto, el potente coctel hormonal en los menores, y que no ayuda, sino a distorsionar el juicio. Así, se obtiene un particular cuadro de personajes que se estiran o se encojen emocionalmente, varias veces al día, sin ser superhéroes. El que esté libre de pecado que lance la primera piedra, porque no existe hombre o mujer sobre La Tierra que no haya sido victima -o victimario- en el inmenso escenario común de tonterías infantiles, encarnadas en cuerpos en transformación. Piense usted por un momento, sí alguna vez usted no fue un adolescente pica pleitos en la calle, y que luego lloraba en casa, ante los gritos de su madre sí lo mandaban a limpiar el cuarto; imagine, si en alguna oportunidad no escondió un adorno roto -producto de alguna...
Photoshopiando al mundo

Photoshopiando al mundo

Photoshopiando al mundo Ya no queda nadie feo en el mundo. Si no le gusta su apariencia la culpa no es del ADN sino de la desidia. Todos somos bellos, sino que lo diga el Photoshop. Pocas herramientas para el engaño humano han mordido, con tamaño éxito, a la yugular de las percepciones ajenas. Su estilo artero, pero democrático, ha logrado en menos de una generación, lo que los espartanos -con el Taigeto- y los eugenistas nazis -con sus laboratorios- no pudieron alcanzar. El Photoshop es el nuevo pincel de los dioses. Con Photoshop se reduce la blancura de modelos que no saben lo que es un rayo de sol en el trópico, se aclaran los ojos de mujeres coquetas y hombres con intereses licantrópicos; se atenúa la piel de naranja, hasta maridarla con la textura y volumen de una pelota medicinal. Con esta herramienta, al alcance de cualquier tutorial en la red -y al clic de un download gratuito- usted puede entrar en los jeans más ajustados, entallar graciosamente en los vestidos con mayor escote, amoldarse en los zapatos más menudos, y brillar sin ojeras -o patas de gallo- soportando incluso, el pérfido primerísimo primer plano de la cámara más indiscreta. Ahora, ésta letal creación de la tecnología tiene sus momentos perfectos, casi todos muy lejanos al contacto físico, pero, ¿qué hacer cuando la magia de la vida digital termina? ¿Cómo taparse cuando se rompe la virtualidad y uno termine viéndose cara a cara con las victimas del engaño dentro de un ascensor… en especial, de esos miserables con luz mortecina, agresores directos a la autoestima? Pues nada...
Flujos de caja impúdicos

Flujos de caja impúdicos

Flujos de caja impúdicos Hacer dinero no está mal, mucho menos gastarlo o invertirlo en tu futuro y en el de los tuyos, el problema reside en no ser exagerado ni parecer un pavo real con plumas de Euros. Bueno es tener un auto bello y caro. Malo es que ese auto tenga suspensión y cornetas que tripliquen el valor de todo el automóvil. Bueno es poder disfrutar de un día de playa. Malo es que el islote o la bahía que escogiste para pasar un rato, se convierta en un estacionamiento acuático, donde las embarcaciones y los yates, sean el referente flotante del carro del chulo, delineado arriba hace un ratico. La obscenidad no es un plato descomunal, se trata de una escudilla terriblemente organizada. El problema con un flujo de caja impúdico, es que dentro de la economía de los bits y los bytes –y en ciertos contextos nacionales- siempre nos va a sonar a máquina registradora ilegal, a contador de dinero a la sombra, a moneda bañada con lágrimas, o peor aún a maletines con tic tac ocultos. Si sospechamos del trasero de la rubia del comercial de traje de baños… Si nos fajamos a buscar en Facebook el nombre de la novia anterior del chico que estamos considerando… Si revisamos con detenimiento las referencias del doctor que nos va revisar nuestras partecitas íntimas, viene a ser súper normal, que una tos con olor a dólares frescos nos encienda las alertas de caminante del mundo actual. Los capitales vuelan más rápido que los aviones, las estafas llegan al correo electrónico con el nombre de una mujer...
Humor globalizado

Humor globalizado

Una nueva adición entre los colaboradores de este sitio web es Joaquín Ortega -quien para muchos no necesita presentación- no sólo gran amigo, sino con una pluma preclara. Hombre poliédrico, a ratos escribe, a ratos conduce un programa de radio y la mayoría filosofa con una claridad que ilustra. Me fue difícil darle a Joaquín un tema para su desarrolla, ya que si bien sus ensayos sobre creatividad son excelentes, su capacidad de crear humor me fascina. Es por eso que en su columna alternará entre humor, creatividad y cualquier otro tema de actualidad que se le ocurra. Me complace mucho tenerlo entre nosotros, aunque sea para que nos brinde algunas píldoras de su sapiencia. Sin más, acá va su primer escrito, “Humor Globalizado”. Humor Globalizado Cuando la guerra del teclado es más importante que la de verdad Con la guerra en tiempos globalizados está pasando lo mismo que le pasa a las mujeres, primero con sus novios y después con sus tatuajes: se aburren. Y no es cosa de morirse, pero cuando lo que entretiene es lo que ocurre frente al ordenador -y no lo que pasa al otro lado de la ventana- sabemos que vamos rumbo a otra forma de locura, que no de idiotez, con el perdón de los infantes con 2 añitos de edad -y mucho más avispados que algunos adultos-. Esta locura no prevista en manuales de medicina ni en el sentido común de los mayores más sabios, parece originarse al menos por tres motivos: el primero se resume en el “no me importa”, el segundo se resume en el “eso no ocurrirá aquí”...