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Photoshopiando al mundo

Ya no queda nadie feo en el mundo. Si no le gusta su apariencia la culpa no es del ADN sino de la desidia. Todos somos bellos, sino que lo diga el Photoshop. Pocas herramientas para el engaño humano han mordido, con tamaño éxito, a la yugular de las percepciones ajenas. Su estilo artero, pero democrático, ha logrado en menos de una generación, lo que los espartanos -con el Taigeto- y los eugenistas nazis -con sus laboratorios- no pudieron alcanzar. El Photoshop es el nuevo pincel de los dioses.

Con Photoshop se reduce la blancura de modelos que no saben lo que es un rayo de sol en el trópico, se aclaran los ojos de mujeres coquetas y hombres con intereses licantrópicos; se atenúa la piel de naranja, hasta maridarla con la textura y volumen de una pelota medicinal. Con esta herramienta, al alcance de cualquier tutorial en la red -y al clic de un download gratuito- usted puede entrar en los jeans más ajustados, entallar graciosamente en los vestidos con mayor escote, amoldarse en los zapatos más menudos, y brillar sin ojeras -o patas de gallo- soportando incluso, el pérfido primerísimo primer plano de la cámara más indiscreta.

Ahora, ésta letal creación de la tecnología tiene sus momentos perfectos, casi todos muy lejanos al contacto físico, pero, ¿qué hacer cuando la magia de la vida digital termina? ¿Cómo taparse cuando se rompe la virtualidad y uno termine viéndose cara a cara con las victimas del engaño dentro de un ascensor… en especial, de esos miserables con luz mortecina, agresores directos a la autoestima?

Pues nada mejor que tomar las siguientes precauciones:

1.si lo reconocen hágase el loco o la loca. Hable otro idioma, balbucee, toque todos los botones del ascensor, vaya contra el flujo natural de los canales de transito, desparézcase.

2.De ser arrinconado, diga que es el hermano o hermana mayor de la persona a quien se refieren. De nuevo corra como el viento. Si usted no está ahí, nunca estuvo.

3.Invente una carrera actoral. Diga que se encuentra fatigado por el intenso trabajo del método Stanislavsky y que por eso, además de un maquillaje avejentado, está un poco más delgado y sin sueño. Échele la culpa de todo al método, al director, a los cosméticos, a la exigencia del rol a interpretar.

4.Póngase a hablar en tono conceptual, artístico, fílmico. Hágale creer a su interlocutor que está dentro de un Reality Show, invítelo a saludar a cámaras inexistentes y déjelo hablando solo con un heladero, quien supuestamente, es el director de la unidad de exteriores de la súper producción.

5.Por último, no responda, no vea, ni interactué. Guarde silencio, propóngase levitar… intente adentrarse en un éxtasis místico. Voltee los ojos y haga espuma por la boca. Nunca antes había sido tan bien visto un falso ataque de epilepsia, como en estos tiempos de increíble doble filo, inaugurados por el terrible y nunca bien ponderado Photoshop.


En twitter @ortegabrothers

Nota del Editor: Joaquín Ortega nos brinda en esta entrega, Photoshopiando al mundo, donde deja salir, no sólo su buena prosa sino que nos deleita con ese fino humor que lo caracteriza. Veo a Photoshopiando al mundo como el hermano travieso de cualquiera de los maravillosos artículos de su más reciente texto, La Cultura del Milenio, ya disponible en formato digital.  Photoshopiando al mundo forma parte de la naciente columna Humor Globalizado. Un artículo de Joaquín, Loco de Dios (Madman of God) acaba de ser publicado en el IWP (International Writing Program), un proyecto muy interesante sobre el cual escribiré pronto.

 

Joaquín Ortega es caraqueño,  politólogo, escritor y productor audiovisual. Todavía cree en loterías y en la existencia de lobos espaciales. Conduce el programa “La Hora Verde” en Caracas, por 92.9FM de Lunes a Viernes de 4 a 5pm. Su más reciente libro “La Cultura del Milenio” ya se perfila como un best-seller.

Esta entrada también está disponible en: Inglés

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